Mostrando entradas con la etiqueta Memoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Memoria. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de noviembre de 2013

Memoria y atención - La Memoria de Trabajo (Working Memory)

Baddeley y Hitch - Memoria de Trabajo
Hitch y Baddeley, autores del modelo
de la Memoria de Trabajo
Como hemos explicado en nuestro anterior artículo “Cómo funciona la memoria humana”, el modelo estructural de la memoria explica el funcionamiento de ésta como tres almacenes (Memoria Sensorial, Memoria de Corto Plazo y de Largo Plazo) que van almacenando información, y pasándosela al siguiente. Este modelo caracteriza bien cómo se almacena la información en nuestra memoria, pero no explica cómo son los procesos que usan dicha información.

En consecuencia, el modelo de los almacenes de memoria evolucionó, buscando especialmente comprender los procesos que utilizaban la información almacenada en éstos. En particular, el papel de la Memoria de Corto Plazo (MCP), que en principio parecía ser un sistema relativamente simple y monolítico, fue ganando relevancia al desarrollarse nuevos estudios sobre su estructura y funcionamiento. Como resultado, los trabajos realizados por Alan Baddeley y Graham Hitch dieron lugar en 1974 al modelo de la Memoria de Trabajo (MT) o “Working Memory”, (ampliado en el 2000).

Este modelo postula que la MCP está realmente integrada por varios subsistemas que pueden trabajar de forma bastante independiente, aunque están coordinados entre sí. Así, los componentes de la Memoria de Trabajo son:
1.   El ejecutivo central, que gestiona a los otros tres subsistemas, y que rige importantes actividades  del ser humano relacionadas con la intencionalidad: es nuestro sistema de control de la atención, la inhibición o la selección de tareas. No es, por tanto, un sistema de almacenamiento, sino un sistema de control, a cuyas órdenes operan los otros tres sistemas “esclavos” de la MT. En el cerebro, reside en el cortex prefrontal.
2.  El lazo fonológico, que almacena información en forma verbal. Reside en el cortex prefrontal izquierdo, temporal anterior y parietal. A su vez  contiene dos subsistemas:
-  El bucle articulatorio: nuestro sistema de repetición verbal, gestión del tiempo, aprendizaje del habla y de la lectura, nuestra “voz interior”.
-  El almacén fonológico: sistema de almacenamiento basado en el habla, nuestro “oído interior”.
3.  La agenda visoespacial, que almacena información espacial y visual. Es nuestro “ojo interior”. Se ubica en el cortex prefrontal derecho, y en el cortex parietal y occipital.
4. El almacén o “buffer” episódico, que almacena de forma temporal información proveniente de los otros subsistemas de almacenamiento de la MT (lazo fonológico y agenda visoespacial), o bien directamente proveniente de la Memoria Sensorial. Almacena pues información de diversos tipos, agrupándola en “episodios” (un episodio es un conjunto de recuerdos sensoriales, temporales, espaciales y emocionales) y secuenciando dichos episodios (ordenándolos en el tiempo). El almacén episódico parece ser la base de nuestra autoconsciencia (self-awareness).

Además, la MT interacciona con la Memoria de Largo Plazo, de la que extrae información y en la que la almacena. Permite así combinar la información que nos llega del entorno con la almacenada de forma permanente, procesando la interacción de ambas. 

viernes, 25 de octubre de 2013

Cómo funciona la memoria humana

Memoria Humana - Funcionamiento
Hoy en día, el estudio de la memoria forma parte de la moderna Psicología Cognitiva. Esta disciplina, además de la memoria y su funcionamiento, investiga otros procesos internos relacionados con el procesamiento de información por parte de los seres humanos, como la percepción, la atención, el lenguaje y el pensamiento. Como todos ellos, la memoria es realmente compleja; difícil de describir y de conceptualizar. Por ello, hablar de “memoria” en singular puede ser una aproximación muy simplista: en realidad, hoy en día existen varios modelos de la memoria, cada uno explicando diferentes aspectos de su organización y funcionamiento. El modelo más difundido es el estructural (los almacenes de memoria), complementado posteriormente por el modelo de la memoria de trabajo, que expande parte del modelo estructural.

El modelo estructural de la memoria, en su versión más extendida actualmente, fue propuesto por Atkinson y Shiffrin en 1968. Este modelo considera que la memoria se organiza en tres “almacenes”: la memoria sensorial, la memoria de corto plazo, y la memoria de largo plazo. Los tres almacenes trabajan de forma secuencial, pasando la información de cada uno al siguiente en el proceso de su captación y almacenamiento. Los tres difieren entre sí en su capacidad (cuánta información pueden almacenar), la duración (cuánto tiempo permanece la información antes de borrarse), y la codificación (cómo se almacena ésta).

La memoria sensorial (MS)

En esta memoria se almacena información proveniente de nuestros sentidos, de forma muy fiable pero con una duración máxima muy breve: entre medio segundo y dos segundos. Esta memoria sensorial (MS) también se puede dividir en varios subsistemas, según de qué sentido provenga la información a almacenar. Entre otros:
  • Memoria icónica, para almacenar imágenes.
  • Memoria ecoica, para almacenar sonidos.
  • Memoria háptica, para almacenar estímulos táctiles, incluyendo el dolor.

La memoria de corto plazo (MCP)

También conocida como memoria activa, la MCP contiene la información de la que somos conscientes en cada momento. De hecho, al prestar atención deliberada a la memoria sensorial, es cuando se generan los contenidos de la memoria de corto plazo. La duración de la información almacenada en la MCP es de 30 a 45 segundos como máximo; si queremos mantenerla más tiempo, hemos de repetirla conscientemente (el típico número de teléfono que repetimos hasta que podemos apuntarlo). Y un dato curioso: la codificación de la información en la MCP parece ser eminentemente acústica; incluso las imágenes se “traducirían” a sonidos para su almacenamiento temporal.

En cuanto a su capacidad, los experimentos realizados demuestran que una persona puede almacenar en la MCP entre 5 y  9 ”items”, con una media típica de 7. Un “item” es cada unidad distinguible de información para el sujeto que la recuerda, a nivel de MCP: puede ser una cifra o un grupo de ellas, una letra, una sílaba o una palabra. Para poder almacenar más información de una vez, podemos “agrupar” items, si al hacerlo  somos capaces de recordarlos de una vez. Por ejemplo, para recordar el teléfono 9 8 6 3 0 4 3 9, podemos agrupar las cifras mentalmente así: 98 630 4 3 9, pues reconoceríamos el 98 como código de provincia, y el 630 como el de ciudad. De esta forma, necesitamos menos “almacenamiento” y podemos retenerlo mejor. Y esto es importante, pues una de las causas de olvido en la MCP es que mientras estamos reteniendo una información, nos entre otra información desde la MS, desplazando a la que nos afanábamos por mantener, por no haber sitio para las dos a la vez. 

La memoria de largo plazo (MLP)

En caso de no haber perdido la información almacenada en la MCP, a base de repeticiones conseguimos que ésta pase a la memoria de largo plazo (MLP). Este almacén de memoria es al que nos referimos comúnmente cuando hacemos referencia a nuestra memoria como individuos. Contiene una gran cantidad de información, que puede ser mantenida por periodos muy largos de tiempo (incluso indefinidamente). La MLP guarda información de amplio espectro; además, no es un sistema pasivo, sino que constantemente revisa y evalúa las informaciones almacenadas, a la luz de las nuevas que va registrando.

Siendo tan compleja la MLP, es lógico que el modelo para representarla se haya ido haciendo más complejo. Hoy en día se admite que la MLP está dividida en varios subsistemas:

  • Memoria declarativa o explícita, que almacena información de tipo semántico (nuestro conocimiento del mundo en general: palabras, ideas y conceptos) y de tipo episódico (eventos biográficos sobre los que podemos generalizar). Hay un constante trasiego de un tipo de información a la otra, en los dos sentidos.
  • Memoria implícita, no declarativa, que también almacena diversos tipos de información: procedimientos (cómo hacer las cosas: habilidades como montar en bicicleta), reflejos condicionados (el fuego quema), condicionamiento emocional y efectos de primacía. De nuevo, la interacción entre los cuatro tipos de información, y la influencia entre ellos, son constantes y bidireccionales.

sábado, 19 de mayo de 2012

La Memoria - "Preguntas a la Psicología" (17/5/12 en Libertad Digital TV)

El hombre siempre ha sido consciente de la importancia de la memoria. Ya desde los primeros tiempos de nuestra civilización, encontramos referencias a la memoria e intentos de explicar qué es y cómo funciona:
  • Sócrates hablaba (metafóricamente) de una placa de cera que había sido regalada al hombre por Mnemósine, la madre de las Musas, y en ese bloque se grababan todos los recuerdos; cuando desaparecían los grabados, desaparecía la memoria.
  • Platón diferenciaba entre dos tipos de memoria: la neme y la anamnesis. La primera es la retención pasiva de todo lo que percibimos, mientras que la segunda es más activa, siendo el poder que tiene el espíritu de recordar todo lo vivido con el cuerpo.
  • Aristóteles adoptaba una aproximación bastante realista, resaltando más que Platón el sustrato fisiológico de la memoria, al plantear ya entonces que ésta se encontraba alojada en procesos físicos que se producen en el cuerpo.
  • En la Edad Media, S. Agustín consideraba la memoria, la voluntad y el entendimiento como las tres actividades cardinales del alma. Diferenciaba dos tipos de memoria, que luego reaparecerán en siglos posteriores: la memoria sensorial, dando lugar posteriormente a la memoria episódica, y la memoria intelectual, que sería la que posteriormente denominamos semántica o de los conocimientos. También adelantaba en parte las modernas teorías estructurales de la memoria, al hablar en las Confesiones de “edificios, almacenes, cuevas y tesoros de la memoria”, advirtiendo además que éstas descripciones son meras aproximaciones a la memoria.
  • Finalmente, en el siglo XIX, Hermann Ebbinghaus comienza en Alemania el estudio sistemático de la memoria, aplicando el método científico en laboratorio para intentar desentrañar su estructura y funcionamiento.
“La Memoria" fue el tema tratado el pasado jueves 17 de mayo en nuestra sección "Preguntas a la Psicología" del programa "Es la Noche de César". Se expusieron las diferentes teorías sobre la memoria, analizándose igualmente los tipos de memoria existentes, la relación entre estos, y su interacción con los principales procesos mentales asociados.

También se comentaron los tipos más habituales de “problemas o fallos de memoria”, de los que podéis obtener más información en nuestro anterior artículo “Los Siete Pecados de la Memoria”.

jueves, 21 de abril de 2011

Los Siete Pecados de la Memoria

Los siete pecados de la memoria
La memoria desempeña un papel trascendente y omnipresente en nuestra vida diaria. Es la función que nos permite tomar conciencia y consciencia de nuestra biografía, anclada en el presente, pero con huella del pasado y proyección al futuro.

Los fallos de la memoria son tan frecuentes como importantes: desde despistes a verdaderas lagunas que borran episodios centrales de nuestra existencia.

Los defectos en el funcionamiento de la memoria se dividen en siete “pecados” o transgresiones básicas, que son los siguientes: 

Transcurso, distractibilidad, bloqueo, atribución errónea,
sugestibilidad, propensión y persistencia.


El pecado de transcurso.

Es el olvido que se producen con el paso del tiempo; por ejemplo, no recordar el nombre de una cara conocida. Es el desvanecimiento de la memoria por el paso del tiempo y el no refresco del contenido (repetición). Este pecado, de modo frecuente e intenso, es un excelente indicador de la terrible enfermedad del Alzheimer. La zona cerebral responsable de esta función de evocación espontánea es el hipocampo, donde residen los datos y recuerdos de la MLP (Memoria de Largo Plazo).

El pecado de distractibilidad.

Es el fallo o “lapsus” de la memoria producido por una incorrecta codificación. La causalidad es por dedicar escaso tiempo al procesamiento, o bien porque en el momento de procesar hemos introducido una interferencia y ha caído en sombra de recuerdo: olvido de gafas, llaves o una palabra en un momento determinado, que ha sido arrastrada por una interferencia (actividades todas con niveles de codificación superficial). El área cerebral responsable es el área frontal.

El pecado de bloqueo.

El pecado de bloqueo conlleva un tipo de olvido distinto de los anteriores. A diferencia de los de memoria por distracción o tiempo, la palabra o el nombre reacios a su rescate han sido codificados y almacenados. La información no ha desaparecido de la memoria (desvanecimiento), está oculta en algún lugar, aparentemente lista para conformarse en nuestra mente a poco que rescatemos con estrategias y tiempo la información deseada. Es un desfase fastidioso, es lo que la gente expresa como  “lo tengo en la punta de la lengua”. La solución es la reconstrucción de imágenes y sonidos cercanos al estímulo reacio.

El pecado de atribución errónea.

“He estado aquí antes, pero no sé cuándo ni cómo”, son detalles imprecisos que alimentan una memoria de atribución errónea. En ocasiones recordamos cosas que no han sucedido, atribuyendo desacertadamente un procesamiento rápido de información nueva, o imágenes vivas que surgen de pronto en la mente, a recuerdos de sucesos no acontecidos. En ocasiones evocamos correctamente lo sucedido pero lo situamos en un momento o lugar equivocado. Podemos recordar mejor los rostros vistos anteriormente, pero recordar mal el dónde y el cuándo: así sucede en secuestros, con las pistas falsas de observadores o testigos que tienen estos “lapsus” de modo inconsciente. En este bloque también existe el fenómeno de la criptomnesia, que es la recuperación de datos, atribuibles a la imaginación, cuando en realidad, han sido facilitados a nivel subliminal, a partir de algo visto o leído con rapidez. Ejemplo: reproducir la creación de otro y atribuírselo a uno mismo (músicos, artistas, monumentos)

El pecado de sugestibilidad.

Alude a la tendencia de un individuo a incorporar información engañosa procedente de fuentes externas: otras personas, imágenes o material escrito, incluso de los medios de comunicación, a los recuerdos personales. La sugestibilidad está relacionada con la atribución, puesto que las sugerencias son archivadas con atribución errónea de espacios y tiempos. La percepción de lo sugerido parece tan real como los datos vividos. Las propensiones de recuerdo sugestivo son más características de personalidades egocéntricas que necesitan ilustrar una participación activa del “yo” en el recuerdo.

El pecado de persistencia.

Trae consigo el recuerdo reiterado de información perturbadora de episodios que preferiríamos desterrar por completo de nuestra mente: recordamos lo que necesitaríamos olvidar. El sujeto se queda colgado de un recuerdo doloroso y puede acontecer el pensamiento contrafáctico, que  es una constante revisión de la secuencia que el sujeto ha vivido y que en el presente pretende modificar, con culpabilidad subyacente. Ejemplo: hechos de duelo, o accidentes inesperados.

El pecado de propensión.

En nuestro más íntimo ser existe el “Ministerio de la Verdad” antes llamado conciencia. Pues bien, elaboramos una nueva versión de nuestros recuerdos para que encajen con las opiniones y necesidades del momento. Este pecado alude a las influencias fuertes de lo actual sobre la veracidad de los hechos pasados. El pasado es todo aquello coincidente entre la historia y los recuerdos, si no existe coincidencia, con una técnica mental apropiada podemos adulterar esta coincidencia.

Artículo relacionado: La Memoria, donde se explican los diferentes tipos de memoria que posee el ser humano, y los modelos que se usan para investigar sobre ellos.